OPINIóN


"Se nos van antes de tiempo"



Fecha: 09/08/2019   09:30  |  Cantidad de Lecturas: 1302

La Dra Gabriela Renault, decana de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador opinó sobre los casos de muertes violentas entre los jóvenes y adolescentes




 
 
Por: Dra. Gabriela Renault (*)
 
Un estudio de la Organización Panamericana de la Salud de marzo último reveló que el 50% de todas las muertes de personas jóvenes en las Américas se deben a causas prevenibles como los homicidios, los suicidios o los accidentes de tráfico. Estos tipos integran el grupo de muertes por causas externas, denominadas muertes violentas. 
 
En los últimos tiempos son cada vez más los jóvenes que pierden la vida en forma violenta.
 
Tenemos que hacernos tiempo para reflexionar, los números no solo son símbolos, que expresan cantidad y si es así debería alarmarnos, es la responsabilidad de cada uno, como ciudadano o como Estado, que le demos sentido y operatividad a esa cantidad, que cada día, por diferentes medios, nos llega como información.
 
La sucesión de hechos fatales que reflejan los medios masivos de comunicación y los que no nos enteramos pero que existen, es lamentablemente solo una muestra de la realidad, el grupo de jóvenes de 15 a 35 años, es el sector de la sociedad, más propensa a sufrir muerte violenta, sus tasas de homicidios, accidentes viales (Monte, Quilmes, ciclista, Pepo, entre tantos), suicidios, agresiones violentas, se van duplicando y en algunos casos triplicando año tras año.
 
En otras palabras, la cantidad de jóvenes que mueren por estas causas, es el doble que en el resto de los grupos de edad.
 
Pareciera que nuestros oídos se van acostumbrando a seguir los números, de los jóvenes que pierden la vida a causas provocadas por alcohol o por violencia de otro, o por depresión o por adicciones.
 
Pareciera que se nos arma una coraza que nos protege de las malas noticias, pero que al mismo tiempo nos hace correr el riesgo de quedar aislados y volvernos indiferentes.
 
Pero el dolor no debiera dejarnos anestesiados, no debemos igualar lo banal con lo terrible, tenemos que mirar con profundidad, detenernos y ver que podemos sumar, para que esto no siga ocurriendo.
 
Estamos ante una emergencia, nuestros jóvenes, han desestimado los riesgos, los del alcohol los de las drogas, creen que tienen el control, o no comprenden que otro u otros puede no estar dispuesto a cuidarlos, el no cuidado vende más y se propaga camuflado, en ventas de promesas de bienestar, el sujeto de la oración es el no control y la muerte es el predicado de la misma.
 
Tenemos que ver lo que no se ve y asomarnos a los dolores del mundo juvenil, muchas veces disimulados, el 70 % de los jóvenes de 15 a 24 años muere de manera violenta y si mirásemos otros indicadores, pobreza, falta de acceso a la educación, comprobaríamos la vulnerabilidad de los jóvenes en la realidad general de nuestro país.
 
Debemos reflexionar para no dejarnos vencer por el miedo, la confusión, la oscuridad y el derrotero de decir que es muy compleja la solución, que está todo perdido.
 
Porque debemos hacer todo, para reclamar, para hacer todo lo que esté a nuestro alcance, para que el sufrimiento de ellos, no caiga en el olvido, para que la vida de ningún joven más, se convierta en un show mediático para consumir, cuestionar o censurar.
 
Seguir luchando, para que podamos desentramar el dolor, para que podamos instalar la percepción de riesgo, muchas veces dormida, para que aprendan a cuidarse y aprendamos a cuidarlos, para que no estén solos en sus decisiones, para que quienes tengan o tengamos que cuidarlos, los cuiden y los cuidemos.
 
Día a día, estamos llamados a potenciar la vida de cada joven, aun la más frágil y vulnerable, para que despliegue lo mejor de sí, desde la vida abundante que por su edad ya posee.
 
Debemos tejer redes entre todos que nos sostenga y los sostenga, no podemos quedar reducidos a nuestro propio telar, necesitamos aportar nuestro hilo y sumarlo a tantos otros que , desde distintos espacios y organizaciones, se preocupan y ocupan de los jóvenes.
 
No es solo deber de uno, es deber de todos, del Estado, de los padres, de los docentes, de ellos mismos, a ser responsables a que confíen sus dolores o sus descontentos, a entender quién es el enemigo, a que entendamos como sociedad, que más haya de todo, que nuestros jóvenes son nuestro presente y nuestro futuro.
 
(*) Decana de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador


Fuente: (Gabriela Renault- USAL)










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